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El aroma del cilantro

En la angosta carretera que une El Estanquillo con La Trampa, viniendo de Lagunillas, me detuve frente a la casa de la señora Marta, conocida amiga de mi madre, quien es tejedora de esteras y hábil creadora de manualidades. Allí paré el vehículo para llamar por celular a Irma y preguntarle si tenía apios. Contestó su hija Mariángel diciéndome que su mamá estaba para Guaraque, pero que allí se encontraba Ernesto, que él me podía informar sobre los apios. Luego de un mutuo saludo le pregunté si tenía arracachas (apios). Me contestó que sí, añadiendo que… “pa más tarde se los tengo, porque voy a dir a buscarlos”. Le dije que estaba bien, que luego iría por ellos. Hablando aún por teléfono con Ernesto, sentí un fuerte y agradable olor a cilantro. Entonces, me dije:

Debe conservarse en la nevera dentro de envases herméticos, procurando consumirlo en pocos días, ya que se marchita rápidamente. No debe secarse ni congelarse porque pierde el aroma.

¡Ah! Esta es una de las cosas por las que amo el campo, porque me brinda la oportunidad de oler la frescura y el aroma de las hortalizas recién cortadas. Estando en esa conversación conmigo, vi como iba saliendo del zanjón un burro y, detrás de él, cuatro jóvenes. El camino termina allí, al lado de la casa de la señora Marta.

¡Mi olfato no se equivocó! El burro traía tres cestas atestadas de cilantro desde una pequeña finca ubicada en el sector El Guamal. Los jóvenes, todos de la familia Rodríguez, me informaron que el cilantro iría al mercado de Lagunillas porque se lo habían vendido a un señor;  que su finquita ubicada en lo más profundo del zanjón producían tomate, pimentón, lechuga y papa. Luego de la toma de la foto y del respectivo saludo de despedida, les compré una ramita y continué mi viaje a La Trampa llevando el aroma de una de las verduras que más enriquece el sabor de la crema de apios.

La Sra. Hélyde y mamá

¡Grandes amigas!

¡A mi inolvidable y querida, Ramoncita… de su gran amiga de siempre, con el cariño más grande!

Hélyde Batista

MENSAJE A RAÍZ DE LA MUERTE DE MAMÁ…

Desde el banquito de tu morada “Neblina” ves pasar el cortejo de los moradores de La Trampa: niños, niñas, mujeres, hombres, abuelitas y abuelitos de sus aldeas, con ramitos de mínimas florecitas que recogían de la orilla del camino de tus queridos campos; y te las enseñaban alabando la grandeza del Eterno. Todos, entonando un coro de miles de “Dios le pague y Dios la bendiga, abuelita”.

No tengas miedo, porque los que tanto te quisimos y amamos jamás nos iremos de tu lado. Las Cinco Águilas Blancas velarán tu descanso y con su ropaje de gala te harán eterna guardia de honor, porque siempre amaste su domicilio, allá al pie de la Sierra Nevada Merideña.

Tú, que estás tan cerca de Dios, hazle una plegaria para que dé fortaleza a tu familia y a la bella, humilde y sencilla gente de La Trampa; allá donde está tu querida casita de retiro espiritual “Neblina”.

Los niños con tristeza recordarán cuando salían a tu encuentro con sus sombreritos de paja, sus ruanitas y sus morralitos. A todos los llenabas de abrazos, sonrisas, caramelos y limosnas; y cuando hubo dolor, les secaste sus lágrimas.

La noche que te fuiste, las florecitas se marchitaron, perdiendo su color y su aroma. Unieron su dolor al lamento del viejo campanario de La Trampa. La luna y los luceros apagaron su resplandor; y desde una puerta entreabierta vi pasar los recuerdos entre llantos y lamentos con olor a incienso y crucifijos.

Un cortejo de melancolía seguía una carroza llena de Hortensias, Albricias, Romerito de Páramo y Nomeolvides.

La paz de Dios envuelva tu alma, amada amiga. Te envío mi cariño. El Señor te bendiga y te guarde en la Eternidad.

A ti, Samaritana del Bien.

La Grita, noviembre de 2006.

El 14 de noviembre de 2006, hoy hace diez años, quedamos huérfanos de tu presencia física amada madre y abuelita…

¡La Sra. Élyde, quien redactó este mensaje a raíz de tu partida, también viajó a la Eternidad a acompañarte!

Viviendas

Casas con techo de paja y teja
Casa de la Sra. Aquilina Guillén, ubicada en el sitio denominado El Tigre. El rancho de paja cobija una antigua cocina de leña.

En Lagunillas, el Visitador don Diego de Baños y Sotomayor expidió una Orden de Repoblación en auto de población, el día martes 12 de diciembre de 1656.

“…fue acatada por los indios y pronto comenzaron a cortar madera y paja en los montes y páramos aledaños a sus comarcas, a objeto de acopiar suficiente material destinado a la construcción de sus casas“. (Villamizar. Pág. 123).

Las casas más antigüas de La Trampa son de bahareque y adobe. Las de bahareque basan su estructura sobre tallos de helecho gigante entretejidos con varas de canilla de venado unidos con bejuco de fique. Como elemento de relleno se usaba barro: mezcla de tierra arcillosa, piedras y paja.  El friso se hacía con arena fina y greda y, en ocasiones, usaban el estiércol de vaca; al final, la pared adquiría el color de esta mezcolanza. El techo se cubría con paja de cerro que se conseguía en la Loma de La Piedra o en El Estanquillo, sobre entramado de carruzo de una o media agua. Se tenía en cuenta, en el área de la cocina, que el techo debía tener un agujero el cual servía de respiradero para la salida del humo de leña (ver detalle en la foto). Las puertas y ventanas eran de madera y el piso de tierra.

Según el material usado los techos son de paja, teja, zinc, tejalit, teja asfáltica y asbesto. Las paredes de bahareque, tierra pisada, adobe, ladrillo y bloque. Las puertas y ventanas de carruzo, madera y hierro. Los pisos de tierra, piedra, madera, cemento y cerámica.

Guillermo Sulbarán fabricaba tejas en la Cuesta del Tampacal; Baltazar e Iraida Rojas cocían tejas, ladrillos, adobe y cal en la Loma del Pico. 

Fueron excelentes maestros albañiles constructores Juan Monsalve y Caracciolo Guillén.

-Villamizar, Julio. La fundación de Santiago de las Lagunillas. Publicación del Concejo Municipal del Distrito Sucre. Lagunillas. Estado Mérida. 1983.

Joseíto, quien vivió en La Pueblita, afirmó que el señor Secundino, vecino de El Volador de Casés, fue quien construyó el tapón de cemento que represó el agua de la laguna San Bailón (aún existen vestigios de esa obra); que desde allí partía una viga de oro hacia Colombia.

Le oyó decir a sus padres que existía un sitio iluminado cuyo nombre era El Sagrario, cercano al Campanario, donde los indios iban a celebrar sus ritos ancestrales; que en Cuaresma se oía el redoble de cuatro campanas desde un lugar cercano, donde están construídas unas gradas que llevan a la montaña de más arriba; que más de uno trató de llegar a ese sitio, a través de picas,  y cuando regresaban se extraviaban y no se sabía más nunca de ellos; que una vez él se fue a cazar, matando varios animales, y estando muertos, ante sus propios ojos, desaparecieron.

Alrededor de las lagunas La Pantanosa y la San Bailón,  se mantiene la creencia de que “ellas desean tragar personas y animales“. Hace tiempo, la primera ahogó varias personas y burros a raíz de una crecida repentina causada por persistente lluvia con rayos y truenos; la segunda, atrapó una yunta de bueyes y los ahogó.

La laguna (la de Urao)… es una viejita que vive en el fondo de la laguna, donde posee una ciudad hermosa. Su marido… no vive en la laguna, sino arriba, en los cerros, ahí donde están las Piedras Sagradas que son: la Piedra de La Trampa, que es don Simón… ” (Clarac. Pág. 84).

A la laguna le gusta que le hagan ofrendas, sobre todo que le den las primicias, lo que en su caso concreto significa: los primeros huevos de una gallina, una gallina que pone por primera vez, la primera leche de una vaca o de una cabra, las primeras mazorcas de maíz, el primer miche que se fabrica o que se compra y, en general, todos los primeros frutos de la tierra al cosecharlos. Se debe agregar a esta lista el primer niño de toda mujer, sacrificio que antaño era obligatorio… Se deben hacer las mismas ofrendas a las Piedras Sagradas, mediante lo cual ellas favorecen también la agricultura y permiten además a los campesinos subir los cerros y páramos sin peligro“. (Clarac. Pág. 85).

Podemos observar que la laguna de Urao ha tenido sólo hijas hembras, es decir todas las otras lagunas… y que esas hijas, se encuentran en los Cerros Sagrados: la laguna de La Trampa está en el cerro del mismo nombre” (Clarac. Pág. 93).

El nivel del agua de la laguna San Bailón ha descendido casi hasta desaparecer, motivado a depósitos de sedimento arenoso proveniente de una colina cercana. Hace tiempo surtía agua a varias casas de Lagunillas.

-Clarac, Jacquelín. Dioses en exilio. (representaciones y prácticas simbólicas en la Cordillera de Mérida. Ensayo antropológico). Colección Rescate 2. (Fundarte) Editorial Arte – Caracas – Venezuela 1981.

Enfermedades

En 1950 hubo una peste de Tifus que mató varias personas y acabó con la población de  La Pueblita; motivo por el cual sus habitantes emigraron a La Trampa y a Lagunillas, abandonando su lugar de origen.

Hubo descendientes de los indios de Lagunillas que se destacaron como curiosos o curanderos en la práctica médica empírica; entre ellos, Dionicio Antonio Villasmil y su hermana Silvina Villasmil, ambos famosos por sanar desahuciados de la ciencia médica. Estas prácticas eran comunes entre la gente por ausencia de médicos residentes. La india Leandra Molina, quien vivía en Lagunillas, era diestra en la cura del mal de ojo; y en La Trampa, la señora Eduviges Rojas curaba el mismo mal de ojo o cuajo caído con sobas de infundia de gallina y guarapo de ramas medicinales aromáticas.

Cuando el campesino no sabe o no entiende cuál fue la enfermedad que llevó a la muerte  a un pariente, a la clásica pregunta: ¿de qué murió?, responde: Pues…  “murió de repente” o “murió de un momento a otro”, como si eso fue lo que causó el fallecimiento.

Consultan al médico profesional, pero también buscan la ayuda del  curioso yerbatero o curandero y toman las medicinas y los brebajes que ambos les recetan.

Partera

Sobando la barriga de una parturienta

En La Trampa, fueron reconocidas como parteras las señoras Gregoria Salas de Rojas, Josefa Rojas Bovis y Petrolina Guillén. En Belén, la señora Agripina Rojas fue quien atendió el parto de mi amigo Juan Montilla Rojas.

La Trampa por ser un pueblito aislado, como otros de la geografía andina, no escapó a la Endogamia (práctica u obligación de contraer matrimonio o unión entre personas de ascendencia común o naturales de una misma zona). Esta situación causada principalmente por el aislamiento geográfico y familiar, trajo en algunos de sus pobladores defectos físicos y síquicos como: desnutrición, ciegos, mudos, tuertos y locos.