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Posts Tagged ‘Lagunillas’

En la angosta carretera que une El Estanquillo con La Trampa, viniendo de Lagunillas, me detuve frente a la casa de la señora Marta, conocida amiga de mi madre, quien es tejedora de esteras y hábil creadora de manualidades. Allí paré el vehículo para llamar por celular a Irma y preguntarle si tenía apios. Contestó su hija Mariángel diciéndome que su mamá estaba para Guaraque, pero que allí se encontraba Ernesto, que él me podía informar sobre los apios. Luego de un mutuo saludo le pregunté si tenía arracachas (apios). Me contestó que sí, añadiendo que… “pa más tarde se los tengo, porque voy a dir a buscarlos”. Le dije que estaba bien, que luego iría por ellos. Hablando aún por teléfono con Ernesto, sentí un fuerte y agradable olor a cilantro. Entonces, me dije:

Debe conservarse en la nevera dentro de envases herméticos, procurando consumirlo en pocos días, ya que se marchita rápidamente. No debe secarse ni congelarse porque pierde el aroma.

¡Ah! Esta es una de las cosas por las que amo el campo, porque me brinda la oportunidad de oler la frescura y el aroma de las hortalizas recién cortadas. Estando en esa conversación conmigo, vi como iba saliendo del zanjón un burro y, detrás de él, cuatro jóvenes. El camino termina allí, al lado de la casa de la señora Marta.

¡Mi olfato no se equivocó! El burro traía tres cestas atestadas de cilantro desde una pequeña finca ubicada en el sector El Guamal. Los jóvenes, todos de la familia Rodríguez, me informaron que el cilantro iría al mercado de Lagunillas porque se lo habían vendido a un señor;  que su finquita ubicada en lo más profundo del zanjón producían tomate, pimentón, lechuga y papa. Luego de la toma de la foto y del respectivo saludo de despedida, les compré una ramita y continué mi viaje a La Trampa llevando el aroma de una de las verduras que más enriquece el sabor de la crema de apios.

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Casas con techo de paja y teja
Casa de la Sra. Aquilina Guillén, ubicada en el sitio denominado El Tigre. El rancho de paja cobija una antigua cocina de leña.

En Lagunillas, el Visitador don Diego de Baños y Sotomayor expidió una Orden de Repoblación en auto de población, el día martes 12 de diciembre de 1656.

“…fue acatada por los indios y pronto comenzaron a cortar madera y paja en los montes y páramos aledaños a sus comarcas, a objeto de acopiar suficiente material destinado a la construcción de sus casas“. (Villamizar. Pág. 123).

Las casas más antigüas de La Trampa son de bahareque y adobe. Las de bahareque basan su estructura sobre tallos de helecho gigante entretejidos con varas de canilla de venado unidos con bejuco de fique. Como elemento de relleno se usaba barro: mezcla de tierra arcillosa, piedras y paja.  El friso se hacía con arena fina y greda y, en ocasiones, usaban el estiércol de vaca; al final, la pared adquiría el color de esta mezcolanza. El techo se cubría con paja de cerro que se conseguía en la Loma de La Piedra o en El Estanquillo, sobre entramado de carruzo de una o media agua. Se tenía en cuenta, en el área de la cocina, que el techo debía tener un agujero el cual servía de respiradero para la salida del humo de leña (ver detalle en la foto). Las puertas y ventanas eran de madera y el piso de tierra.

Según el material usado los techos son de paja, teja, zinc, tejalit, teja asfáltica y asbesto. Las paredes de bahareque, tierra pisada, adobe, ladrillo y bloque. Las puertas y ventanas de carruzo, madera y hierro. Los pisos de tierra, piedra, madera, cemento y cerámica.

Guillermo Sulbarán fabricaba tejas en la Cuesta del Tampacal; Baltazar e Iraida Rojas cocían tejas, ladrillos, adobe y cal en la Loma del Pico. 

Fueron excelentes maestros albañiles constructores Juan Monsalve y Caracciolo Guillén.

-Villamizar, Julio. La fundación de Santiago de las Lagunillas. Publicación del Concejo Municipal del Distrito Sucre. Lagunillas. Estado Mérida. 1983.

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Joseíto, quien vivió en La Pueblita, afirmó que el señor Secundino, vecino de El Volador de Casés, fue quien construyó el tapón de cemento que represó el agua de la laguna San Bailón (aún existen vestigios de esa obra); que desde allí partía una viga de oro hacia Colombia.

Le oyó decir a sus padres que existía un sitio iluminado cuyo nombre era El Sagrario, cercano al Campanario, donde los indios iban a celebrar sus ritos ancestrales; que en Cuaresma se oía el redoble de cuatro campanas desde un lugar cercano, donde están construídas unas gradas que llevan a la montaña de más arriba; que más de uno trató de llegar a ese sitio, a través de picas,  y cuando regresaban se extraviaban y no se sabía más nunca de ellos; que una vez él se fue a cazar, matando varios animales, y estando muertos, ante sus propios ojos, desaparecieron.

Alrededor de las lagunas La Pantanosa y la San Bailón,  se mantiene la creencia de que “ellas desean tragar personas y animales“. Hace tiempo, la primera ahogó varias personas y burros a raíz de una crecida repentina causada por persistente lluvia con rayos y truenos; la segunda, atrapó una yunta de bueyes y los ahogó.

La laguna (la de Urao)… es una viejita que vive en el fondo de la laguna, donde posee una ciudad hermosa. Su marido… no vive en la laguna, sino arriba, en los cerros, ahí donde están las Piedras Sagradas que son: la Piedra de La Trampa, que es don Simón… ” (Clarac. Pág. 84).

A la laguna le gusta que le hagan ofrendas, sobre todo que le den las primicias, lo que en su caso concreto significa: los primeros huevos de una gallina, una gallina que pone por primera vez, la primera leche de una vaca o de una cabra, las primeras mazorcas de maíz, el primer miche que se fabrica o que se compra y, en general, todos los primeros frutos de la tierra al cosecharlos. Se debe agregar a esta lista el primer niño de toda mujer, sacrificio que antaño era obligatorio… Se deben hacer las mismas ofrendas a las Piedras Sagradas, mediante lo cual ellas favorecen también la agricultura y permiten además a los campesinos subir los cerros y páramos sin peligro“. (Clarac. Pág. 85).

Podemos observar que la laguna de Urao ha tenido sólo hijas hembras, es decir todas las otras lagunas… y que esas hijas, se encuentran en los Cerros Sagrados: la laguna de La Trampa está en el cerro del mismo nombre” (Clarac. Pág. 93).

El nivel del agua de la laguna San Bailón ha descendido casi hasta desaparecer, motivado a depósitos de sedimento arenoso proveniente de una colina cercana. Hace tiempo surtía agua a varias casas de Lagunillas.

-Clarac, Jacquelín. Dioses en exilio. (representaciones y prácticas simbólicas en la Cordillera de Mérida. Ensayo antropológico). Colección Rescate 2. (Fundarte) Editorial Arte – Caracas – Venezuela 1981.

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En 1950 hubo una peste de Tifus que mató varias personas y acabó con la población de  La Pueblita; motivo por el cual sus habitantes emigraron a La Trampa y a Lagunillas, abandonando su lugar de origen.

Hubo descendientes de los indios de Lagunillas que se destacaron como curiosos o curanderos en la práctica médica empírica; entre ellos, Dionicio Antonio Villasmil y su hermana Silvina Villasmil, ambos famosos por sanar desahuciados de la ciencia médica. Estas prácticas eran comunes entre la gente por ausencia de médicos residentes. La india Leandra Molina, quien vivía en Lagunillas, era diestra en la cura del mal de ojo; y en La Trampa, la señora Eduviges Rojas curaba el mismo mal de ojo o cuajo caído con sobas de infundia de gallina y guarapo de ramas medicinales aromáticas.

Cuando el campesino no sabe o no entiende cuál fue la enfermedad que llevó a la muerte  a un pariente, a la clásica pregunta: ¿de qué murió?, responde: Pues…  “murió de repente” o “murió de un momento a otro”, como si eso fue lo que causó el fallecimiento.

Consultan al médico profesional, pero también buscan la ayuda del  curioso yerbatero o curandero y toman las medicinas y los brebajes que ambos les recetan.

Partera

Sobando la barriga de una parturienta

En La Trampa, fueron reconocidas como parteras las señoras Gregoria Salas de Rojas, Josefa Rojas Bovis y Petrolina Guillén. En Belén, la señora Agripina Rojas fue quien atendió el parto de mi amigo Juan Montilla Rojas.

La Trampa por ser un pueblito aislado, como otros de la geografía andina, no escapó a la Endogamia (práctica u obligación de contraer matrimonio o unión entre personas de ascendencia común o naturales de una misma zona). Esta situación causada principalmente por el aislamiento geográfico y familiar, trajo en algunos de sus pobladores defectos físicos y síquicos como: desnutrición, ciegos, mudos, tuertos y locos.

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 “Los mucus de Mérida tenían igual creencia y hacían sacrificios humanos los de Lagunillas o Mucuúnes al dios tutelar de la laguna y llamaban cuá o cuat a las culebras que veneraban como deidad de las aguas, en especial a las más grandes llamadas aún hoy “madres de agua”. (Salas. Pág. 69).

La mayor parte de los habitantes son católicos. Honran y dan culto a imágenes o representaciones de diversos santos tutelares. Las fiestas religiosas son acompañadas de procesiones, cantos, pólvora, comida y licor.

La iglesia de La Trampa fue construida en el año 1938. El primer cura que se ordenó en La Sabana fue José Trinidad Araque.

Se rumora que en La Trampa existe una bruja. Quien lo informó, de igual manera, desmintió el rumor afirmando “que eso son mentiras porque esa señora se confiesa”.

Arco

Arcoiris mañanero sobre las montañas

Hace tiempo una mujer de nombre Merceditas le pidió a un señor traerle  “agua de ceiba”, de la tierra llana, para dársela a tomar a otra mujer porque le había quitado el novio.

Las creencias aborígenes persisten, ciertas personas no salen de sus casas cuando hay arco iris porque “el orín del arco los enferma“.

El único brujo fue Goyo Vela, a quien por cierto lo mataron en el filo de El Cambur.

Cuando se va de visita a una casa, se puede llevar como presente alguno de estos alimentos: ñemas (huevos), cambures, mazorcas, queso, cuajada… y se espera recibir, como mínimo, un cafecito.

Los indígenas acostumbraban “viciar chimó”, motivo por el cual en la acción pastoral de monseñor Ramos De Lora, “prohibe el uso del chimó en las iglesias”. (Giordano, pág 35).

Se ha tenido conocimiento de un incremento en el uso del chimó entre los jóvenes, al punto que incluso le agregan sustancias sicotrópicas para potenciar su efecto.

-Salas, Julio César. Etnografía de Venezuela. (Estados Mérida, Trujillo y Táchira). Los Aborígenes de la Cordillera de Los Andes. ULA. Mérida. 1997.

-Giordano Palermo, Juan Antonio. Historia de la Diócesis de Mérida. 1778-1873. Imprenta Oficial del Ejecutivo del estado Mérida (1983).

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Carretera que asciende desde Lagunillas a La Trampa

Carretera que asciende zigzagueante desde Lagunillas hasta La Trampa

El profesor Márquez Carrero, hablando de Juan Rodríguez Juárez, uno de los fundadores de Mérida, dice lo siguiente:

“… halló la vía más expedita por serranías apacibles y fáciles de transitar, siendo que por ellas los indios desde muy antiguo, tenían sus caminos naturales por las comunicaciones y comercio que entre las diversas tribus de la Cordillera Andina existían, lo que les facilitarían aún más la jornada.” (Márquez, Pág. 42).

Los calificativos de fragosos y ásperos fueron corrientes para los caminos andinos de la época. Muchos de los caminos transitados por los españoles ya estaban trazados desde antes de su llegada, como consta en las numerosas referencias sobre los caminos que encontraron los participantes en la incursión inicial al territorio merideño. Los españoles, en efecto, no se desplazaban en los terrenos tan accidentados y peligrosos de la Cordillera sino siguiendo los caminos ya trazados por los indios. Caminos llamados hoy caminos de los indios al mismo tiempo que caminos reales. No se aventuraban en otras partes. Los indios lo sabían, y tenían mucho cuidado en no trazar nuevos caminos que pudiesen llevar a sus regiones de refugio. De modo que, para llegar ahí, hubiera sido preciso ser andinista, deporte que aparece en nuestra Cordillera sólo en la segunda mitad de nuestro siglo. Algunas zonas de refugio fueron por ejemplo los altos cerros y páramos entre el páramo de Las Gonzáles y el de Los Conejos, entre éste y la Culata, entre la Culata y el Páramo de Mucuchies, en Piñango, en el Páramo de Timotes, en el de Chachopo, en los cerros de la zona de la Cordillera.” (Clarac. Pág. 39-40).

El antiguo camino que unía La Trampa con La Sabana se llamaba El Tampacal.

El camino que partía de El Molino a La Trampa perdió su importancia, como vía única y principal, a raíz de la apertura de la actual carretera que une La Trampa con Lagunillas.

Hay sitios donde la ruta da vértigo, llenos de riesgos, como lo atestiguan varias cruces y capillas recordatorias del peligro que entraña el descuido, la ingesta de alcohol o las fallas mecánicas de los vehículos.

En sus inicios, la carretera era de tierra, abierta por el señor Vicente Moncada quien llegó a La Trampa con su máquina el día 22 de noviembre de 1952. El primer vehículo que arribó a La Trampa fue una camioneta marca Chevrolet, color verde, de tolva, conducida por el Sr. José del Carmen Guillén, ese mismo año.

Una de las personas que más se interesó por la apertura de la carretera fue el coronel José Antonio Paredes.

Entre La Trampa y Lagunillas hay una distancia de 16 Km.  Aún hacen transporte particular los señores Marcos Uzcátegui y Filadelfio García.

Desde La Trampa se puede viajar por carretera de tierra a Jají pasando por el páramo El Tambor; a Mucujepe y a El Vigía.

Se creó una línea que cubre la ruta asfaltada desde Lagunillas pasando por La Trampa, hasta La Azulita y viceversa. El costo del pasaje varía según la distancia a recorrer, de la época del año y del tipo de vehículo de transporte.

La mayor parte de las personas que poseen fincas o propiedades desean tener un vehículo propio, de ser posible un rústico, con el fin de trasladarse y sacar sus cosechas y animales hasta La Trampa y de allí a las ciudades próximas.

-Márquez Carrero, Andrés. (Juan Rodríguez Juárez. Conquistador y Fundador de Mérida. Talleres Gráficos de la ULA. Mérida. Venezuela. 1993).

-Jacqueline Clarac de Briceño. Identidad étnica y arqueología de rescate cordillera de los Andes, Venezuela. En: Boletín Antropológico. Mérida, N° 13, julio- diciembre, 1987.

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La Trampa

Acompáñame, es más, te pido que tomes mi mano para emprender juntos un viaje imaginario al pasado entrando por la puerta  del tiempo.

Estamos a mediados del siglo XX, son las ocho de la mañana y en El Regocijo la neblina apenas permite ver algunos arreos de mulas que llegaron en el transcurso de la madrugada trayendo bultos de café.

Las mulas se amarraron en los pasillos externos de las casas, en los pilares de madera, hechos con doble propósito: el de sostener el techo de las viviendas y el de sujetar los animales.

En el año 1948, los principales arreos de mulas pertenecían a los señores Argimiro Rojas, Ramón Maldonado y Gabriel Dávila de La Caña Brava; a Arreo de mulasGenarino Rojas del Ceibal; a Armando Mercado de Bolero y a Jabino Rondón de Chiguará. Cada arreo era de catorce mulas,  más o menos.  Otras familias campesinas menos pudientes,  llegaban montadas en burro, trayendo las cosechas de sus tierras y tal cual lo hacía en buey;  la mayoría arribaba a pie desde los más lejanos rincones de la geografía de la parroquia La Trampa.

No faltaba quien arriara una cochina con sus cochinitos para venderlos en el

mercado los días sábados.  El precio de compra-venta de la cerda y sus cerditos era de veinte bolívares, equivalentes a cinco pesos.

En la plaza, las señoras Publia Paredes de Salazar, Cándida Guillén, Isabel Rondón, Melania Bolero y Adelaida Guillén, vendían comida a todas las personas que llegaban al mer121108 068cado. Colocaban tres topias, prendían candela y luego que la  leña ardía montaban las ollas y los calderos repletos de lo que luego se convertiría en exquisita comida campesina. Entre los platos ofrecidos estaban las arepitas de carne o queso, café, sopas, hayacas, pasteles, chicha.  Ellas levantaron sus familias de esa manera, basadas en la venta de comida y granjerías. La Sra. Lucinda Guillén vendía hayacas en la casa que actualmente ocupa Linda.  La casa que está frente a la laguna, propiedad de la Sra. Lucidia Rojas, sirvió de posada y restaurante los fines de semana. Fue una persona solidaria y humana con los más necesitados que acudían a ella para pedir y recibir ayuda.

El trueque o la venta-compra era el medio a través del cual se  Buey negociaba. Eran sujetos de ellos: vacas, toros, cochinos, bueyes, caballos, yeguas, mulas, burros, ovejas, cabras, chivos, gallinas y todo tipo de verduras, legumbres y granos. Desde la población de  Lagunillas llegaba arroz, pan, pescado seco, velas, sal, panela blanca caparuceña, plátanos, miche, telas, hilos, agujas, herramientas  para la agricultura, ollas de metal y de barro, etc. De La Azulita provenía el café y la panela.

De La Trampa y aldeas aledañas salía caraota, arveja, maíz, apio o arracacha, cebolla, cebollín, papa, churíes, yuca, ajos, queso, carne.

Hubo seis pesas: la de Encarnación Ortega, Antonio Uzcátegui, Sablón Contreras, Antonio García, Nepomuceno Guillén y la de José de Los Santos Montilla que funcionaba en la casa que es hoy de Tomás Rojas, iniciando la cuesta a Belén.

Tiendas de ropa: la de Cristóbal López, donde se vendía por metros cortes de tela. La de Cristóbal Rojas, allí nunca faltaba la tela de caqui, liencillo o

Telascrehuela para hacer bordados, sedalina, tela listada o de flores. El metro de las más baratas costaba un real o uno o dos bolívares y las más caras valían entre cuatro y diez bolívares.

El flux que usaban los hombres se componía de pantalón y paltó de caqui o dril color azul o beige. Casi todos usaban sombrero y ninguno, corbata.   Al Alpargatafinal de la pierna, el atuendo lo completaba un par de hermosas alpargatas con plantas de cuero o fique y capellada de hilo o cuero. La gente pudiente usaba zapatos corte bajo. Eso sí, en Nochebuena no faltaba el “estreno” a nadie.

Las manos expertas de las señoras Elba Rojas, esposa de Don Atilano Rojas, Belén Martínez y María Vega hacían de los cortes de tela hermosos vestidos que causaban la envidia del resto de  las mujeres. Vendía ropa,  Rafaelito Rojas Vielma. Quien podía ir a Lagunillas la compraba donde Carmelo Prieto, Benjamín Vega o Luis Ruiz.

Tiendas de víveres fueron de Encarnación Ortega, Zenón Díaz, Ignacio Rojas, Jesús Rojas, Amenodoro Moreno, Pablo Uzcátegui, Ismael Valero y

HPIM1851Fermín Pernía. Este último,  además de vender lo que los otros ofrecían los fines de semana, disponía de un pequeño depósito de víveres a fin de venderlos entre semana.

Botiquines con licencia para expender licor fueron propiedad de  Antonio Uzcátegui,  Jesús Rojas y José Alberto Vielma.

En el corredor de la casa de Ignacio Rojas, además de amarrar bestias, los días sábados, Maximiliano Rojas hacía de las suyas trasquilando el pelo a muchos paisanos.

Inicialmente el mercado funcionaba en La Trampa de abajo, pero por ser angosto el lugar se trasladó a La Trampa de arriba, cuyo terreno fue donado por la Sra. Elvia Pernía Rojas. Este sitio es ocupado hoy por la placita Bolívar.

El café trillado fue un rubro muy importante a principios del siglo pasado. Se cuenta que el mayor productor era José Rojas Molina, vecino de La Caña Brava, llegando a contabilizar hasta 250 cargas (500 sacos) anuales.   CadaCafé carga pesaba 92 Kg. y el quintal 46 Kg.  La carga costaba 60 pesos, unos 240 bolívares. Pesaban el café en los corredores de El Regocijo en viejas romanas de machete.

Posteriormente el comercio del café fue acaparado por la PACA de Chiguará. En el año 1975 se estableció una sucursal en La Trampa, llegándose a comercializar unos 4000 quintales anuales. Los principales compradores de café trillado fueron: Lucio Rangel, Críspulo Guillén y Jesús Manuel Molina Rojas, todos vecinos de Lagunillas.

La producción de apio alcanzaba los 1500 quintales semanales.

Apio o Arracacha

En la Loma de La Piedra y en la del Pico, Caracciolo Rojas Peña, su hermano Eusebio Rojas Peña y Baltasar Rojas Boris, sembraban y producían la mayor parte de la arveja que se comercializaba en la zona.

En la hacienda El Olimpo ubicada en El Ceibal, propiedad de Genarino Rojas Rincón existía un trapiche movido por motor. Pablo González de la hacienda Cuba Libre en La Caña Brava y Gabriel Dávila de El Ceibal también tenían trapiche movido por motor.   Y así, el

coronel Antonio Paredes Pulgar dueño de la hacienda El Corral. Al inicio, todos los trapiches fueron movidos  por bueyes o caballos. Don Amando Mercado en Bolero de la Caña Brava y Argimiro Rojas Rincón de la hacienda Pueblo Viejo también tenían trapiches a motor.

Los que tenían cierta cantidad de ganado eran: Telmo López, Cristóbal López, Olinto yGallinas Julio César en La Sabana. Tulio, Jerónimo y Caracciolo en la hacienda de los Dávila y Genarino Rojas en El Ceibal de La Caña Brava. En cada casa no faltaba tal cual vaca, gallinas, piscos, marranos, burro de carga y varios animales más, todos alimentados con maíz, apio, yuca, caña de azúcar y pasto.

Cuenta el Dr. Héctor Soto, nacido en La Caña Brava, que: “Recuerda gratamente los días sábados de mercado en La Trampa. Teníamos que levantarnos a las cuatro de la mañana y tomar una camioneta panera o un jeep y trasladarnos a La Trampa desde Lagunillas. Mi padre me llevaba junto con mi hermano Edén Ildemaro a realizar el trueque de: víveres, granos, enlatados, sal y alimentos empaquetados por los productos propios del campo: café, cacao, tabaco, quesos, huevos, etc. Recuerdo que para pasar el frío, mi hermano y yo, nos metíamos dentro de los sacos de coleto, vacíos, de arbejas y de café. Era un lindo mercado, llegaba mucha gente a intercambiar sus productos. También se daba y se prestaba dinero a los productores por parte de los comerciantes. Mi padre perdió mucho dinero en ese menester. Recuerdo que se usaba para pesar  grandes cantidades, la antigua balanza tipo regla que era colgada con mecate sobre la vigas de los pasillos de las casas, utilizaba unas pesas que se situaban sobre la parte dentada de la balanza. Esto lo refiero, porque había uno de los comerciantes que hacía trampa, trácala, a los pobres productores. Lo recuerdo como si fuera hoy, ésto se lo notifiqué a mi padre y a los mismos productores para que les hicieran negocio legal. Recuerdo la travesía y el miedo que ocasionaba la carretera, la subida, las curvas, los desfiladeros y el famoso derrumbe de la quebrada El Molino. Muchas veces nos tocó abrir paso con palas y picos. Una vez que retornábamos a Lagunillas, después de las dos de la tarde, emprendíamos la venta de los huevos y quesos en carretilla, y llevábamos el tabaco a los chimoceros para que produjeran la pasta de chimó. El café lo vendía mi padre a Café Lagunillas (tostadora) y al mudarse ésta a Mérida lo llevaba a Santa Cruz de Mora. ¡Qué tiempos aquellos! Mi padre (El avión, a raíz de este accidente) volcó su primer carro bajando de allá, cayendo cerca de El Molino. A Dios gracias no sufrió nada grave. Ya al pasar el tiempo se fue acabando el mercado de La Trampa.  Los productores compraron vehículos y transportaban sus productos  a Lagunillas o a Mérida. Cómo olvidar al pescadero  Críspulo, a Genarino  (El Colorao), al Sr. Rangel (Cacho e´ buey), a Rojitas, a Vielma y su licorería, al carnicero de La Trampa (comía cebollas rojas con leche) y a otros cuyos nombres ya no recuerdo”.

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