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Posts Tagged ‘Mérida’

 “Los mucus de Mérida tenían igual creencia y hacían sacrificios humanos los de Lagunillas o Mucuúnes al dios tutelar de la laguna y llamaban cuá o cuat a las culebras que veneraban como deidad de las aguas, en especial a las más grandes llamadas aún hoy “madres de agua”. (Salas. Pág. 69).

La mayor parte de los habitantes son católicos. Honran y dan culto a imágenes o representaciones de diversos santos tutelares. Las fiestas religiosas son acompañadas de procesiones, cantos, pólvora, comida y licor.

La iglesia de La Trampa fue construida en el año 1938. El primer cura que se ordenó en La Sabana fue José Trinidad Araque.

Se rumora que en La Trampa existe una bruja. Quien lo informó, de igual manera, desmintió el rumor afirmando “que eso son mentiras porque esa señora se confiesa”.

Arco

Arcoiris mañanero sobre las montañas

Hace tiempo una mujer de nombre Merceditas le pidió a un señor traerle  “agua de ceiba”, de la tierra llana, para dársela a tomar a otra mujer porque le había quitado el novio.

Las creencias aborígenes persisten, ciertas personas no salen de sus casas cuando hay arco iris porque “el orín del arco los enferma“.

El único brujo fue Goyo Vela, a quien por cierto lo mataron en el filo de El Cambur.

Cuando se va de visita a una casa, se puede llevar como presente alguno de estos alimentos: ñemas (huevos), cambures, mazorcas, queso, cuajada… y se espera recibir, como mínimo, un cafecito.

Los indígenas acostumbraban “viciar chimó”, motivo por el cual en la acción pastoral de monseñor Ramos De Lora, “prohibe el uso del chimó en las iglesias”. (Giordano, pág 35).

Se ha tenido conocimiento de un incremento en el uso del chimó entre los jóvenes, al punto que incluso le agregan sustancias sicotrópicas para potenciar su efecto.

-Salas, Julio César. Etnografía de Venezuela. (Estados Mérida, Trujillo y Táchira). Los Aborígenes de la Cordillera de Los Andes. ULA. Mérida. 1997.

-Giordano Palermo, Juan Antonio. Historia de la Diócesis de Mérida. 1778-1873. Imprenta Oficial del Ejecutivo del estado Mérida (1983).

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Recuerdo que mami -la abuelita amada-, Virginia -Tato-, Germancito y yo estábamos sentados alrededor del mesón del comedor degustando un exquisito café, durante una de esas bellas tardes de principio de año, en La Trampa.

De pronto caímos en cuenta cómo la neblina entraba a raudales por la puerta trasera de la cocina, sin avisar, sin pedir permiso, impulsada por la brisa que nace al sur del Lago de Maracaibo.

Anhelaba que ese momento quedara allí suspendido en mi mente, me propuse no olvidarlo como uno más de los ratos felices vividos en ese bello lugar.

Queriendo perpetuar el instante le propuse a Tato escribir y dibujar algo referente al origen mítico de la neblina, a sabiendas de que ella era diestra escribiendo y dibujando en miniatura.

Días después recibí de Tato una relación de sucesos imaginarios o leyenda indígena escrita en un códice rescatado del fuego, cuyo relato se inicia así:

CRÓNICAS DE ZARAGÓN

Mérida-Venezuela. Febrero 19 de 1992. Trámites Legales.

Recuperación de un manuscrito hallado en los archivos de Lagunillas, fechado en 1670, firmado por el fraile español: J. Manuel de Zaragón, que traducido del Español antiguo, dice:

“Emérita Augusta, a los catorce días del segundo solsticio lunar, de entre los últimos códices quemados, he rescatado sólo uno. Solicito el perdón de mi Dios por desacatar órdenes de mi iglesia, pero era injusto dañar este hermoso códice hecho por un hermano; éste, narra la creación del mundo y relata el porqué de la neblina en las zonas altas de Los Andes, especialmente en La Trampa. Trataré de transcribirlo (anexo a este documento el códice original).

Solicitando, en mi calidad de fraile, contestación y por tanto la publicación de este manuscrito que difundirá los ideales de una rica cultura existente en América, lo cual culminará con las falsas ideas europeas acerca de la inferioridad de la raza americana.

Con mi eterna gratitud.

(Firma) J. Manuel de Zaragón”.

Otro documento, diez meses después, certifica:

Petición denegada – España.

Traducción del códice “Mucuoscane”, por el fraile J. Manuel de Zaragón, nunca publicado.

Oscantay y La Creación
Oscantay y La Creación

“Al principio, Oscantay lo era todo y todo era en él, nunca nació ni morirá jamás porque él es una deidad infinita…

Pero, Oscantay estaba solo y lo supo, fue entonces cuando decidió engendrar un hijo en Chía (la Luna), y así lo hizo. Nació entonces Hastipú (la Luz), que fue arrebatado a Chía al nacer. Y Oscantay que había decidido heredarle el Cosmos a su hijo, le prohibió acercarse a su madre, la Luna”.

 

Nacimiento de Hastipú
Nacimiento de Hastipú

“Fue Oscantay un amante padre, instruyó a su hijo en los secretos del Cosmos y en lo concerniente a dioses y mortales; Hastipú amaba a su padre pero miraba la Luna”.

 

Hastipú y Chía
Hastipú y Chía

“Un día Hastipú, lejos de la vista de su padre, se acercó a ella, se acercó tanto, tanto… que se perdió en el blanco fondo de Chía. Y desde allí vemos su luz clamando auxilio al padre, pero ya Oscantay nada pudo hacer por él”.

 

Primeros habitantes
Primeros habitantes

“La pérdida de su único hijo rompió su corazón en pedazos, son los Continentes, y su llanto conformó luego los Océanos; las esperanzas quedaron en sus primeros habitantes, viviendo en uno de los trozos continentales. Pero, Oscantay se alejó”.

 

El Guardián del Frío
El Guardián del Frío

“Nevadas eran las montañas que habitaba esta raza, Los Andes, este pueblo inicialmente débil se fortaleció al abrigo de un nuevo dios: Ariispancú (El Guardián del Frío)”.

 

Ariispancú enseña a su pueblo
Ariispancú enseña a su pueblo

“Éste, recordando a Oscantay y a Hastipú creó una cúpula celeste para proteger a su gente, fue entonces el fiel guardián del amante pueblo que le dio vida.  Les enseñó a criar, a cosechar, a construir, a calcular y a orar; hizo que la tribu, ahora numerosa, llevara una vida plena y segura. Y fueron así muchos los años que pasaron viviendo en paz y en abundancia…”

 

Ariispancú se duerme
Ariispancú se duerme

“Pero, pasadas muchas generaciones se fue olvidando el nombre de Ariispancú, la tribu comenzó a perder las esperanzas, pues éstas estaban regresando a Oscantay. Ariispancú, por primera vez tuvo sueño, porque es sabido que cuando un dios es olvidado por los mortales, éste se duerme para ellos”.

 

Llegada de extranjeros
Llegada de extranjeros

“Pero su sueño es destino de humanos. Ariispancú soñó que la nieve ardía, que cilindros metálicos escupían fuego y tuvo miedo, quiso ayudar a su tribu pero ya no pudo despertar. Coincidió su sueño con la llegada de una raza extraña a Los Andes, hombres que vestían de metal llegados del mar… y con ellos la guerra, la destrucción y el dolor”.

 

Refugio en La Trampa
Refugio en La Trampa

“La guerra fue cruel, la tribu moría rápidamente, Ariispancú lo veía todo pero nada podía hacer, ya no había esperanzas, los últimos habitantes huyendo de los invasores se refugiaron en la montaña, en un sitio llamado hoy,  La Trampa”.

Creación de la neblina
Creeación de la neblina

“Ariispancú resopló en su impotencia un aliento como humo blanco, tratando de protegerlos aún desde su sueño mortal, queriendo hacerlos invisibles…

No se supo nada más de ellos, la neblina lo cubrió todo para bien o para mal de guerreros y deidades, porque la neblina es el aliento de Ariispancú que desde su muerte condicionada, los sigue buscando aún en las montañas donde los vio perderse por última vez.

El dios seguirá soñando y su aliento continuará buscando los sobrevivientes de su amada tribu en las partes altas de La Trampa y, si los halla, la neblina cesará.

¡Quizás algún día regresen las esperanzas! Aunque a riesgo de mi propio pesimismo, pero talvez la neblina nunca cese…”

J. M. de Z.

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Carretera que asciende desde Lagunillas a La Trampa

Carretera que asciende zigzagueante desde Lagunillas hasta La Trampa

El profesor Márquez Carrero, hablando de Juan Rodríguez Juárez, uno de los fundadores de Mérida, dice lo siguiente:

“… halló la vía más expedita por serranías apacibles y fáciles de transitar, siendo que por ellas los indios desde muy antiguo, tenían sus caminos naturales por las comunicaciones y comercio que entre las diversas tribus de la Cordillera Andina existían, lo que les facilitarían aún más la jornada.” (Márquez, Pág. 42).

Los calificativos de fragosos y ásperos fueron corrientes para los caminos andinos de la época. Muchos de los caminos transitados por los españoles ya estaban trazados desde antes de su llegada, como consta en las numerosas referencias sobre los caminos que encontraron los participantes en la incursión inicial al territorio merideño. Los españoles, en efecto, no se desplazaban en los terrenos tan accidentados y peligrosos de la Cordillera sino siguiendo los caminos ya trazados por los indios. Caminos llamados hoy caminos de los indios al mismo tiempo que caminos reales. No se aventuraban en otras partes. Los indios lo sabían, y tenían mucho cuidado en no trazar nuevos caminos que pudiesen llevar a sus regiones de refugio. De modo que, para llegar ahí, hubiera sido preciso ser andinista, deporte que aparece en nuestra Cordillera sólo en la segunda mitad de nuestro siglo. Algunas zonas de refugio fueron por ejemplo los altos cerros y páramos entre el páramo de Las Gonzáles y el de Los Conejos, entre éste y la Culata, entre la Culata y el Páramo de Mucuchies, en Piñango, en el Páramo de Timotes, en el de Chachopo, en los cerros de la zona de la Cordillera.” (Clarac. Pág. 39-40).

El antiguo camino que unía La Trampa con La Sabana se llamaba El Tampacal.

El camino que partía de El Molino a La Trampa perdió su importancia, como vía única y principal, a raíz de la apertura de la actual carretera que une La Trampa con Lagunillas.

Hay sitios donde la ruta da vértigo, llenos de riesgos, como lo atestiguan varias cruces y capillas recordatorias del peligro que entraña el descuido, la ingesta de alcohol o las fallas mecánicas de los vehículos.

En sus inicios, la carretera era de tierra, abierta por el señor Vicente Moncada quien llegó a La Trampa con su máquina el día 22 de noviembre de 1952. El primer vehículo que arribó a La Trampa fue una camioneta marca Chevrolet, color verde, de tolva, conducida por el Sr. José del Carmen Guillén, ese mismo año.

Una de las personas que más se interesó por la apertura de la carretera fue el coronel José Antonio Paredes.

Entre La Trampa y Lagunillas hay una distancia de 16 Km.  Aún hacen transporte particular los señores Marcos Uzcátegui y Filadelfio García.

Desde La Trampa se puede viajar por carretera de tierra a Jají pasando por el páramo El Tambor; a Mucujepe y a El Vigía.

Se creó una línea que cubre la ruta asfaltada desde Lagunillas pasando por La Trampa, hasta La Azulita y viceversa. El costo del pasaje varía según la distancia a recorrer, de la época del año y del tipo de vehículo de transporte.

La mayor parte de las personas que poseen fincas o propiedades desean tener un vehículo propio, de ser posible un rústico, con el fin de trasladarse y sacar sus cosechas y animales hasta La Trampa y de allí a las ciudades próximas.

-Márquez Carrero, Andrés. (Juan Rodríguez Juárez. Conquistador y Fundador de Mérida. Talleres Gráficos de la ULA. Mérida. Venezuela. 1993).

-Jacqueline Clarac de Briceño. Identidad étnica y arqueología de rescate cordillera de los Andes, Venezuela. En: Boletín Antropológico. Mérida, N° 13, julio- diciembre, 1987.

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Al fondo se ve la carretera que atraviesa La Sabana, una de las tantas aldeas de la parroquia La Trampa. Esta vía asfaltada tiene como destino La Azulita. Se aprecia el cementerio a la izquierda de la última curva, iniciándose la subida.

La Caña Brava, El Cacique, La Sabana, La Huerta, San Juanito, Loma de La Piedra, El Verde, Belén, Loma de Mora, Loma de Los Colmenares, La Cuesta, Los Cazaderos, Los Alticos, Loma del Pico, El Silencio, La Cumbre, La Mesa de Caraño, Viterbo, Bolero, El Caimital, El Caraño, El Chicorial, El Corral, La Cuchilla de La Caña Brava, La Loma, Monte Redondo, El Palmar, Páramo El Tambor, Páramo La Guarura, Los Paujís, El Quebradón Alto, El Quebradón Bajo, Regocijo, El Salado, San Francisco, La Vega, San Juanito.

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Subida para acceder a La Trampa de arriba. Del lado izquierdo se ve el muro de contención de la laguna La Pantanosa

La Trampa de abajo, la vieja o grande, allí se construyeron las primeras casas, lo cual puede considerarse como el nacimiento del pueblito.

Antiguos dueños de casas: Donde vive Tomasito era de Tomás Rojas. La de Altidoro era de Jesús Rojas Vielma. La de Justino era de Manuel Rojas Vielma, de Belén. Donde funcionó el botiquín era de Encarnación Ortega.

La Trampa de arriba, también nombrada El Regocijo y cerca de la laguna La Pantanosa, La Trinchera.

La casa donde funciona la bodega Palermo era de Manuel Uzcátegui. Al frente, donde Linda, había una casa de techo de paja perteneciente a Jesús Ibarra. Donde vive Iria era de Ismael Valero.

En El Tigre vivió Leongino Guillén y María Pernía.

La placita Bolívar la construyó el maestro Ángel Antonio Ramírez en 1974.

En El Rincón vive Ramón Rojas y Sixta García. El Rincón es “… una propiedad colectiva, herencia o sucesión de una familia extendida. En este terreno está la casa principal de esa familia, más varias casas individuales de parejas, las cuales trabajan la tierra del rincón individualmente”. (1)

(1) Clarac, Jacqueline. Pág. 25.  [Dioses en exilio. (Representaciones y prácticas simbólicas en la Cordillera de Mérida. Ensayo Antropológico). Colección Rescate 2 (FUNDARTE). Editorial Arte. Caracas. Venezuela 1981].

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Tribus que vivían en la planicie de Jamuén, a la llegada de los españoles.  “Indios de Lagunillas: Mucuúnes, Jamuenes, Casés, Orcasés, Quinaroes, Mucumpíes, Tibicuates, Maculares, Mucumpús”. (Sanoja y Suescum. Pág. 25).

De qué manera se expresó el fiscal García Valverde del capitán Juan Rodríguez Suárez luego de que este último penetrara en la Provincia de las Sierras Nevadas de Mérida, en 1558, ante la petición que le hizo el obispo del Nuevo Reino de Granada, Fray Juan de los Barrios. “… es incendiario de mieses, de pueblos de indios y de los mismos indios, porque quemó muchos indios vivos en sus propios bohíos, mató muchos indios, tomándoles sus tierras, mujeres e hijos, los apedreó e hizo comer de los perros, para que estas crueldades sonasen entre los indios. De noche estando los indios en sus casas los ranchaba, tomaba y empalaba vivos… corrompió y dio causa que corrompiesen y tomasen por fuerza muchas indias, muchachas vírgenes…”. (Parada. Pág. 25).

“Bartolomé Gil Naranjo funda 50 pueblos… agrupados en comarcas, la primera de ellas estaba ubicada en triángulo formado por las actuales poblaciones de Lagunillas, La Sabana y Jají, en aquel entonces constituidas por los asentamientos de… La Sabana… Mucurusturu… Este último encomendado a Andrés de Vergara. (Parada. Pág. 23).     

 Si se observa el Mapa Nº 1, que apoya esta información, se deduce que el área circunscrita allí, abarca el sitio donde actualmente se ubica La Trampa, y por ende, muy cerca o allí, Gil Naranjo en 1586 fundó la comarca de Mucurusturu.  Entre 1619 y 1620  fueron  reagrupados y fundados varios pueblos  y comarcas indígenas por Vásquez de Cisneros, desapareciendo  Mucurusturu.

                                                                                                                                                                                                                           

“En este contexto, es que el encomendero Francisco de Trejo alegará en 1619 la conveniencia de juntar indios de distintos repartimientos en la población de La Sabana, por ser camino real de La Grita para el puerto de San Pedro”. (Parada. Pág. 24). 

De esto,  se intuye que entre 1619 y 1620 varias comarcas fueron reagrupadas y,  por tanto, fueron refundados otros pueblos indígenas por Vásquez de Cisneros, desapareciendo la comarca Mucurusturú que ocupaba el sitio donde hoy está La Trampa.

Sobre el abuso que cometían los curas (sacerdotes) contra los indios, el obispo Hernández Milanés, en su acción pastoral manifestó: “En nuestra visita, y antes de ella habemos llegado á entender que muchos Curas Doctrineros, disponen encarcelar, prender, y castigar á los Indios, azotarlos, y cortarles el cabello, y que todo esto lo practican muchas veces por sí mismos contra lo dispuesto en la Ley 6, lib. 1º, tit. 13 de la Recopilación que sólo les permite obrar de algún modo de los expresados teniendo comisión del Obispo”. (Giordano. Pág. 35).

“La nación de las Lagunillas se subdividían en las subtribus llamadas Cacés, Mucuinamos, Tibicuayes, Maculares, Mucusumpús, etc.”. “… la mayor parte de las tribus del estado Mérida, hablaban una lengua matriz, subdividida en dialectos tan parecidos que se entendían los indios unos con otros”. (Salas. Pág. 24). No poseían lenguaje escrito.

Los indios eran “… pequeños, anchos de busto, de color oscuro y llevaban barba y bigotes poblados, por lo que los españoles los llamaban barbudos”.  (Villamizar. Pág. 26). Esto, referido a la fisionomía de nuestros aborígenes.

Las tribus que habitaron el territorio que actualmente ocupa Lagunillas se distinguían por dos razones relacionadas con su hábitat “… la tierra seca que necesita ser irrigada y la presencia de un elemento natural: el urao, extraído de la laguna, elemento de la mayor importancia para los naturales por cuanto será usado como moneda, como sal en la comida y que entrará en la composición del chimó…”. (Rojas. Pág. 11).

“El indio quinaró (de Lagunillas) es de un color más oscuro, pudiera decirse que es negro, de labios más bien finos, de vientre desarrollado, grueso de cuerpo y miembros delgados”. (Rojas. Pág.  20).

“Muchos grupos y familias se refugiaron en efecto en los cerros a la llegada de los españoles, y a partir de entonces sólo vivieron abajo los indios encomendados…“ (Clarac. Pág. 23).

Se concluye que nuestros indígenas no poseían lenguaje escrito, se comunicaban oralmente. ¡Lástima que ningún español o merideño haya recopilado de forma sistemática, traducido al Español, la lengua y los dialectos de nuestros indígenas. A principios del siglo pasado aún se hablaban  algunos, conservados en los  indígenas sobrevivientes, pero al morir el último de ellos esta posibilidad se perdió para siempre…

 

-Sanoja y Suescum. (Clasificación de tierras con fines agrícolas y conservacionistas. (Margen derecha de la cuenca media-inferior del río Chama. Sector Chiguará – La Trampa – Lagunillas. Estado Mérida. ULA. Facultad de Ciencias Forestales. Escuela de Geografía – Mérida – Venezuela. 1989.

-Parada Soto, Ana Isabel. [ Pueblos de Indios de la Provincia de Mérida: Su evolución (1558-1657) Trabajo de Ascenso. ULA. Facultad de Humanidades y Educación. Escuela de Letras. Departamento de Historia del Arte. Mérida. Venezuela. 1992].

-Giordano Palermo, Juan Antonio. [Historia de la Diócesis de Mérida (1778-1873). Imprenta Oficial del Ejecutivo del Estado Mérida. Mérida 1983].

-Salas, Julio César . [Etnografía de Venezuela. (Estados Mérida, Trujillo y Táchira). Los Aborígenes de la Cordillera de Los Andes. ULA. Mérida. 1997]

-Villamizar, Julio. (La fundación de Santiago de Las Lagunillas. Publicación del Concejo Municipal del Distrito Sucre. Lagunillas. Estado Mérida. 1983).

-Rojas, José de La Cruz.  (Lagunillas en cinco crónicas. Lagunillas. Venezuela. 1978).

-Clarac, Jacqueline. [Dioses en exilio. (Representaciones y prácticas simbólicas en la Cordillera de Mérida. Ensayo Antropológico). Colección Rescate 2 (FUNDARTE). Editorial Arte. Caracas. Venezuela 1981].

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Centro de La Trampa

Si el lugar que se observa en la foto pudiera hablar, qué de cosas nos contaría. Ha visto pasar el tiempo y varias generaciones de tramperos, de visitantes y turistas. ¡Qué nos diría!

Según relatos de abuelos, trasmitidos de padres a hijos, a finales del siglo XIX, vecinos de Chiguará se asentaron en el sitio donde está hoy La Trampa.
En esa época se tenía por costumbre soltar los animales en las montañas para que se alimentaran con las hierbas del campo, volviéndose cimarrones con el paso de los días en libertad.
Luego de transcurrido un tiempo, sus dueños, basados en la intuición y el tanteo, calculaban el momento oportuno para recuperar el rebaño.
En varias partidas, integradas por dos o tres personas, subían desde Chiguará a las montañas de La Trampa. Ya en el lugar, emitían gritos llamando al ganado que días antes había sido ya cebado con una mezcla de panela rallada con sal procedente de la laguna de Urao.
Reunían sus reses y las guarnecían en cercos de piedra, contando sus ganancias o pérdidas: los nuevos terneros o el engorde del rebaño o su definitivo extravío.
A raíz de que la pérdida de animales se hizo regular por el ataque de los felinos, decidieron establecerse cerca para defenderlos.  Ese hecho dio lugar a la construcción de las primeras casas, lo cual puede considerarse como la fundación de La Trampa.
Una tarde temprano recogieron el rebaño resueltos a solucionar el problema. Armaron la trampa para cazar al devorador furtivo.
Cerca de la medianoche los perros empezaron a ladrar. No pasó mucho tiempo, y en las primeras horas de la madrugada se escuchó un sonoro disparo, era la respuesta del chopo armado que descargaba su munición matando un enorme tigre.
Esta pequeña hazaña, la de sobreponerse a tal adversidad, unió más a los primeros habitantes del lugar y como recuerdo de ese hecho, nombraron el sitio La Trampa y un poco más allá, El Tigre.

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